Sensaciones II
Insertado por Elena el Sábado, 11 de Abril de 2009
Durante alguna de mis anteriores estancias en Kolkata, conocí a un hombre que conducía un rickshaw que siempre nos saludaba y nos preguntaba a diario el típico ? tumi kya mon acho?? (cómo estás). Nos contaba que algunos días no tenía ningún cliente y, por tanto, no ganaba ni una rupie. Toda su familia se ha quedado en Bihar, estado al norte de West Bengal del que provienen la mayoría de taxistas y rickshaw-man de la ciudad y del que emigran por centenas hacia otros estados en busca de una oportunidad de empleo. El los visita una vez al año y les envía casi todo el dinero que gana con su trabajo. No sé si tiene casa, seguramente dormirá hecho un ovillo en el suelo de su carro a la intemperie, ataviado con el típico longui de cuadros, sandalias y bufanda en la cabeza. A veces le invitábamos a desayunar en algún puestito de la calle.
Este año, nada más reencontrarnos desde el año pasado, nos pidió que le compráramos unas sandalias nuevas que él mismo eligió. Y así lo hicimos. Otro día, su compañero de fatigas tenía un flemón y le dimos ibuprofeno para aliviar la inflamación y el dolor. Poco después otro tuvo un catarro que curó con el Algidol que le proporcionamos.
Al cabo de un par de días, otro de nuestros ?amigos- rickshaws? nos pidió también unos zapatos. Entonces nos surgió la duda de si estábamos comportándonos de manera correcta o no pues, de seguir así, en poco tiempo tendríamos alrededor una superpandi de rickshaws-man pidiéndonos el oro y el moro y, además no se cortan un pelo a la hora de pedir. ¿Cómo actuar?
En ese momento, recordamos la frase del premio Nobel de la paz, Muhammad Yunus: "La caridad no es una solución a la pobreza: solo la perpetúa despojando a las personas pobres de su iniciativa. Nos permite proseguir con nuestra propia vida sin tener que preocuparnos por las personas pobres. Sólo sirve para aplacar nuestras conciencias." Y,así, considerando esta inteligente y valiosa reflexión del "padre del sistema de Microcréditos", se nos ocurrió que, puesto que ellos tienen trabajo, no necesitan la caridad para subsistir. De modo que la solución pasaba por darles curro para que se ganen un sueldo justo.
Los domingos el metro está cerrado durante la mañana y nosotras debíamos ir a New Light como el resto de los días de la semana. Así que, con el alma encogida y tratando de digerir el horrible sentimiento que produce el solo hecho de imaginar a un señor mayor, corriendo descalzo, tirando de una carro para transportarnos, decidimos ?contratarlo? para que nos llevara hasta Kalighat.
Fue lo que nos pareció más adecuado: le pagábamos su servicio y le quedaba una generosa propina para comprarse los ansiados zapatos. Además era una manera de contribuir a dignificar su trabajo.
Y así ocurrió. Nos desplazó hasta New Light tan contento y por la noche, cuando ya de regreso nos encontramos con él en la calle, comprobamos, no sin cierta satisfacción, que lucía con orgullo sus flamantes sandalias.
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